Nuestro propósito común

La manera de proceder: Reinventar de forma esencial la democracia constitucional estadounidense

Pasemos ahora a la acción. Las condiciones que se describen en este informe —el debilitamiento de las instituciones, la fragmentación de la sociedad civil, la desigualdad económica, la disparidad en la representación, los cambios del ecosistema mediático y una cultura cívica cada vez más descortés— nos afectan a todos. Para superar estas deficiencias de la democracia, tenemos que concebir la ciudadanía desde dos puntos de vista: como una cuestión de derechos formales —como el derecho de votar y de candidatizarse para una elección— y en términos éticos que exijan el compromiso de cada habitante del país, sin importar su estatus legal de ciudadanía. Una definición ética amplia de ciudadanía se centra en participar en la vida en común, aportar al bien común y velar por los intereses comunes. A quien hace aportes tan positivos a una sociedad autogobernada se le considera «buen ciudadano».

En otros tiempos, los hombres de raza blanca propietarios de bienes raíces disfrutaban los derechos de la ciudadanía legal, pero gracias a los avances de la justicia por intermedio de los tribunales, a las pugnas en las municipalidades y las asambleas legislativas, y a las batallas épicas que han tenido lugar en nuestro suelo, estos derechos se han extendido —aunque aún de manera imperfecta— a las mujeres, a los descendientes de personas sometidas a la esclavitud, a los integrantes de comunidades indígenas que en un tiempo estuvieron a punto de ser destruidas y a los inmigrantes a quienes antes se les cerraban las puertas a la legalización. A menudo, los cambios de la ciudadanía formal se han derivado de las prácticas ciudadanas éticas de aquellos que no tienen pleno acceso a los derechos políticos formales. Entre los ciudadanos activos y contribuyentes de este país siempre se han contado personas que no tienen el estatus formal de «ciudadanos». Por consiguiente, la Comisión se ha centrado en promover tanto el ejercicio formal como el ejercicio ético de la ciudadanía.

Puesto que estos retos están intrínsecamente ligados entre sí, las recomendaciones de la Comisión tienen por objeto renovar el ejercicio de la ciudadanía democrática mediante reformas en tres esferas fundamentales de la vida democrática: las instituciones y los procesos políticos, la cultura cívica, y las organizaciones y actividades de la sociedad civil. Si bien en la última década se han observado diversas iniciativas de reforma en Estados Unidos, la mayoría de ellas se centraron en solo un componente de este ecosistema dinámico, ya fuera en las reformas de las instituciones políticas o exclusivamente en la sociedad civil. Pocas han abordado directamente la cultura o los valores. Por otra parte, muchas propuestas le han dado prioridad a fomentar la oferta de organizaciones y experiencias cívicas sin prestar atención a las razones por las cuales la demanda de estas experiencias y organizaciones ha disminuido.

Sagal Abdirahman (izquierda) y Habon Abdulle (derecha)
Sagal Abdirahman (izquierda) y Habon Abdulle (derecha) participaron en una sesión celebrada en St. Louis Park (Minnesota) destinada a escuchar a mujeres somalíes refugiadas. Esta foto se tomó en Cambridge (Massachusetts) el 7 de febrero de 2020.

En nuestras recomendaciones hemos definido un conjunto de reformas clave de las instituciones y los procesos políticos con las cuales creemos que se pueden obtener los mejores resultados para lograr integridad de representación e igualdad en la voz de los ciudadanos. Hemos seleccionado, además, reformas que nos permitirán revitalizar la cultura cívica, fomentar la confianza e inspirar una fe cívica resistente para el siglo XXI. Consideramos que la sociedad civil es el puente vital entre las instituciones políticas y esa fe cívica; por ende, en varias de las recomendaciones hemos hecho hincapié en cómo se pueden vincular mejor estos dos ámbitos.

El círculo virtuoso de cultura, instituciones y sociedad civil no tiene, por definición, ni principio ni final. No obstante, para entender los vínculos que existen entre las seis estrategias de acción que definió la Comisión, lograr la igualdad en la voz y en la representación de los ciudadanos (la estrategia 1) es un buen punto de partida. La igualdad en la voz y en la representación inspirará en los ciudadanos el deseo de comprometerse unos con otros y con la democracia estadounidense (la estrategia 6), dado que la falta de representación es uno de los factores que está socavando la fe cívica. Las recomendaciones propuestas en esta estrategia se apoyan mucho, a la vez, en las de la siguiente: a medida que ocurra una potenciación eficaz de los votantes para ejercer sus derechos (la estrategia 2), muchos más votarán y la representación mejorará. Entretanto, la igualdad en la voz y la representación garantizará que las instituciones se tornen más receptivas (la estrategia 3) cuando los políticos respondan a los deseos de sus electores. Y las instituciones receptivas serán más representativas.

Ya se aprecian abundantes signos del círculo virtuoso de la democracia constitucional —la interacción entre las instituciones, la cultura y la sociedad civil— en el ámbito local en comunidades a lo largo y ancho del país. En docenas de las conversaciones de la Comisión con comunidades de base, los ciudadanos señalaron vez tras vez al Gobierno local como el locus de la democracia que atiende mejor sus necesidades, y a las comunidades locales como sus instrumentos predilectos de atención y compromiso cívicos. Ciudadanos de distintas ideologías políticas y procedencias geográficas, así como de antecedentes raciales, étnicos y religiosos increíblemente diversos, expresaron compromiso con los valores fundamentales que nos unen, como la igualdad, la libertad y la justicia. Además, manifestaron la enorme esperanza de que los estadounidenses podamos aprender a salvar las diferencias que ahora nos dividen. Estas actitudes constituyen las semillas de la reinvención democrática, que ya se han sembrado. El interrogante ahora es cómo alimentarlas; cómo desperdigarlas por todo el país; y cómo cultivarlas en una escala acorde con los retos de este siglo.

Las recomendaciones que siguen constituyen la respuesta de la Comisión ante este desafío. Reflejan la experiencia y el trabajo arduo de los muchos expertos reconocidos, profesionales y funcionarios que compartieron con nosotros sus conocimientos especializados. Pero quizá lo más importante es que este conjunto de recomendaciones se origina en las historias, frustraciones y aspiraciones compartidas que surgieron de las conversaciones celebradas por la Comisión con comunidades de base y en la vía a la reinvención que estas ayudaron a esclarecer.

La Comisión aspira a lograr un avance importante en todas las recomendaciones antes de 2026, cuando se cumplirán 250 años del nacimiento de nuestro país. Comoquiera que estamos comenzando desde las profundidades de una crisis, esta es una expresión de inmensa ambición. Para poner en práctica las seis estrategias y las treinta y una recomendaciones, se requerirá el apoyo de los encargados de formular políticas, de la filantropía privada, de las empresas, de los educadores, de los líderes de la sociedad civil y, por supuesto, de estadounidenses del común. Habrá que debatir y explicar muchos de los detalles en los meses y años venideros. Los avances dependerán del trabajo arduo del gran número de organizaciones, defensores, funcionarios públicos y líderes cívicos que ya están trabajando en soluciones similares en el ámbito local, estatal y nacional. Arrojar luz sobre el trabajo que ya se está llevando a cabo inspirará a otras personas. Si bien solo algunas de estas iniciativas se mencionan como ejemplos en las páginas que siguen, en el sitio web de la Comisión (www.amacad.org/ourcommonpurpose) se encuentra una lista más completa, así como un mapa de los hitos que marcarán los avances en el camino hacia 2026. Para la ejecución será necesaria una oleada de nueva actividad y de compromiso por reinventar la democracia estadounidense. Nuevos líderes tendrán que dar un paso al frente, y nosotros tendremos que participar en mayor cantidad en la promoción de estas ideas en nuestra comunidad. Comprometidos unos con otros e inspirados por el amor a la patria podemos lograrlo y hallar gozo en el proceso.